Instituto Nueva Escuela es una organización sin fines de lucro que tiene como objetivo transformar el sistema de escuelas públicas de Puerto Rico a través del método de enseñanza Montessori. El número de escuelas INE ha crecido a lo largo de sus 17 años de existencia y ahora incluye 49 escuelas públicas Montessori en 27 municipalidades de la isla. Reciben estudiantes de 0 a 18 años de edad, incluyendo estudiantes de educación especial. Bajo la metodología Montessori, la participación de la familia en la educación es parte integral del desarrollo del niño.

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Aunque el lenguaje popular afirma que sobrevive el más fuerte, realmente sobrevive el que se adapta, el que es capaz de alinearse con las necesidades urgentes de la comunidad a la que sirve y responder a ellas de forma inmediata. Boys & Girls Clubs of Puerto Rico (BGCPR) abrazó plenamente el concepto de adaptarse y servir a la gente , tras el paso de huracanes Irma y María.

En circunstancias normales, BGCPR ofrece servicios en horario extendido a niños y jóvenes de 6 a 18 años en 13 centros a través de Puerto Rico. Estos incluyen un programa educativo con tutores especializados, en español e inglés, programas para el desarrollo de carácter y liderazgo, para promover la buena salud y estilos de vida saludables, para desarrollar destrezas de empresarismo y empleabilidad, las artes, recreación y deportes. El 90% de los niños que reciben estos servicios viven en hogares con una mediana de ingreso que está bajo el umbral de la pobreza.

Este año dos huracanes transformaron a BGCPR. El huracán Irma dejó al pueblo de Loíza, una de las comunidades de BGCPR, sin agua y luz y con muchos hogares destruidos. En colaboración con voluntarios y otras organizaciones, BGCPR convirtió su centro de Loíza en uno de acopio y apoyo a la comunidad, en donde se repartieron miles de artículos de primera necesidad y alimentos, y sirvieron 3,500 almuerzos calientes durante tres días.

Justo cuando parecía que regresaba la normalidad, pasó el huracán María. Nada hacía presagiar la devastación que saltaría a la vista al calmarse los intensos vientos y las copiosas lluvias. 

No había tiempo que perder. El personal administrativo y de los Clubs de BGCPR regresó a la oficina el lunes siguiente al huracán, aún aquellos que habían sufrido los efectos de la tormenta a nivel personal. En los centros, el personal respondía de igual forma. Un avalúo de las facilidades dejó el saldo de tres de los centros severamente dañados. Pero más importante, el 10% de las familias a las que alcanzan perdieron todas sus pertenencias y muchas más necesitaban acceso a agua y alimentos ya que no estaban disponibles a nivel comercial. Las noticias que llegaban del centro y del este de la Isla eran preocupantes, pues la población, incomunicada y afectada, daba señales de desasosiego.

Es por eso que BGCPR decidió convertir sus centros de Vieques, Bayamón, Las Margaritas en Santurce e Isabela en centros de apoyo comunitario. En estos se recibe comida y artículos de primera necesidad donados por diversos colaboradores de fundaciones, corporaciones y miembros de la comunidad. Los artículos se distribuyen a todo el que lo necesita, independientemente de que los niños de cada familia estén matriculados en los centros o no.

“No hubo que pensarlo”, expresó Olga Ramos, presidenta de BGCPR. “Asegurar el bienestar de nuestros niños es nuestra especialidad, y no podría ser de otra manera en este momento crítico en nuestra historia. Servir a los niños les da seguridad, y da a los padres la oportunidad de regresar a trabajar mientras las escuelas estén cerradas. Así comenzamos a mover la economía”.

La organización estima que, al 3 de noviembre, había ofrecido 32,993 instancias de servicio, contando alimentos y artículos repartidos y apoyo brindado, incluyendo evaluaciones por médicos voluntarios que se acercaron a los centros para usarlos como base y asistencia en el proceso de radicar solicitudes de ayuda económica de emergencia a las autoridades correspondientes. Mientras tanto, la organización continúa ofreciendo su programa educativo, desde los 9 centros que están abiertos o desde la comunidad, en los casos donde hubo daños severos.

Mirando al futuro, BGCPR tiene muy claro su rol en el desarrollo de Puerto Rico. “El día antes del huracán, nuestros niños ya enfrentaban una situación difícil, ya que en la mayoría de los hogares a los que alcanzamos hay insuficiencia económica”, afirmó Eduardo Carrera, principal oficial ejecutivo. “Nuestra labor siempre ha sido velar por ellos y ofrecerles oportunidades para que puedan explorar sus intereses, desarrollar sus talentos y competir en la economía actual. Esta crisis solo conseguirá hacernos más fuertes y nos dará impulso para seguir ofreciendo a los niños y jóvenes las herramientas que necesitan para obtener un empleo o explorar el empresarismo para garantizar su seguridad económica y contribuir a su comunidad”, concluyó.

Entre las decenas de proyectos e iniciativas que trabaja la organización de autogestión comunitaria Casa Pueblo, ubicada en Adjuntas, la que ha tomado prioridad tras el paso del huracán María ha sido la de energía solar. Esto cada día cobra mayor relevancia cuando se considera que muchas zonas rurales, incluyendo gran parte de Adjuntas y los municipios aledaños, continúan sin electricidad luego de cuatro meses del paso de la tormenta.

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Desde antes que pasaran los huracanes Irma y María, ya las comunidades aledañas al Caño Martín Peña, un cuerpo de agua de 3.7 millas de largo que conecta la Bahía de San Juan con la Laguna San José, se encontraban en una situación precaria. Hace años que el caño está tapado por basura y material vegetativo. Cualquier aguacero inunda las residencias y negocios que lo rodean, lo cual perpetua problemas de salud pública, deteriora la infraestructura de los edificios y atrapa a los residentes en el ciclo de pobreza. Las organizaciones sin fines de lucro que trabajan con los más de 25,000 residentes de esta zona le reclaman al gobierno que se tiene que hacer un dragado del Caño Martín Peña.

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El enlace entre la conservación y la comunidad es central al trabajo que lleva haciendo Para la Naturaleza durante años. Por medio de talleres y excursiones en sus centros de visitantes, programas de voluntariado como Ciudadano Científico, además de ferias y eventos educativos, buscan involucrar directamente a las personas en su labor de conservación.

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