Proyecto Matria, Miraflores

Tras el paso del Huracán María en septiembre del 2017, las escuelas públicas de Puerto Rico cerraron por varios meses.  Sin embargo, Nuestra Escuela, una escuela pública que trabaja con jóvenes con desertores escolares desde el 2000, reabrieron en octubre.

La organización Nuestra Escuela atiende el problema de la deserción escolar por medio de la educación alternativa. Su modelo de enseñanza no solamente trabaja con el aspecto intelectual y académico de la educación, sino con las necesidades emocionales, sociales, físicas y espirituales de sus estudiantes.

Muchos de los jóvenes de Nuestra Escuela son de trasfondos desventajados, inestables e incluso hasta violentos, son padres y madres adolescentes o simplemente no tuvieron éxito en el sistema escolar tradicional. Por esa razón, Nuestra Escuela, que en 17 años ha logrado impactar a más de 1,600 jóvenes y sus familias, se adapta al estilo de aprendizaje y los intereses de sus estudiantes. Este modelo novedoso tiene como fin que los estudiantes logren graduarse de cuarto año a la vez que los convierte en ciudadanos íntegros.

"El mero hecho de que estos jóvenes te digan que si no fuera por Nuestra Escuela estarían muertos o presos, yo creo que es una aportación significativa a sus vidas, a las de sus familias y al país", expresa Ana Yris Guzmán Torres, presidenta ejecutiva y cofundadora de Nuestra Escuela.

Actualmente tienen 250 estudiante matriculados en los centros de Caguas y Loíza, la mayoría entre 13 y 21 años de edad, y son ellos quienes guían la enseñanza, adoptando proyectos individuales. Sin embargo, como todos los proyectos contemplados para finales del 2017, el huracán María los obligó a cambiar su enfoque.

La falta de electricidad y las filtraciones de agua en el centro de Caguas causó que perdieran todos sus libros y las computadoras, y que los planteles sufrieran daños al llenarse de hongo las paredes. También perdieron sus cuatro huertos, que además de proveer alimentos eran utilizados como laboratorios.

A pesar de estos contratiempos, los estudiantes eligieron trabajar proyectos para ayudar a sus comunidades y la prioridad en esos primero meses era la alimentación. Con ayuda del Fondo ADELANTE, pudieron establecer comedores comunitarios en las escuelas para beneficio de los miembros de sus comunidades, en su gran mayoría ancianos. Ese proyecto duró hasta mediados de enero y ahora lo tienen activo de manera parcial para las personas que todavía lo necesitan.

Ahora en el 2018, los estudiantes de Nuestra Escuela dividen su tiempo entre sus proyectos individuales y otros proyectos comunitarios. Estos incluyendo un censo de necesidades de la comunidad, la creación de un repelente de mosquitos natural para combatir el brote que surgió tras la tormenta y la reconstrucción de los cuatro huertos y el huerto de la organización Urbe a Pie, en Caguas.

"Desde el huracán el país cambió y las prioridades cambiaron también, pero una de las cosas que queremos mantener en la organización es la apertura a que este proyecto sea dirigido a través de las voces de nuestros estudiantes que son los que realmente conocen sus necesidades", asegura Guzmán Torres.

La Red de Fundaciones de Puerto Rico es un vehículo de acción que amplía el trabajo estratégico de sus miembros y organizaciones asociadas para mejorar la calidad de vida de las poblaciones vulnerables.